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2012 Decíamos Ayer

October 31, 2012

Pórtico

La tarea de la crónica periodística es humilde e ingrata. Valiéndose de los sucesos y acontecimientos cotidianos su vocación se limita a cultivar el criterio del lector empecinado de un medio de comunicación efímero. Sus afanes servirán, a lo más, al historiador, al literato o al poeta futuro para construir sus relatos o construir una frase bien armada. Empero, puede darse el caso de un escribano de éstos que además de relatar sucesos, lo haga de forma bella. Si ésta alcanza rangos de elevado lirismo -lo cual muy rara vez sucede-, no sólo es plausible sino también necesario que se rescaten esos textos, y mucho mejor si es su creador quien depura en el tamiz de su criterio la molienda de una parte de su trabajo separando de ella el grano de la paja.

Tal iniciativa tuvo don Luis Sandoval Godoy, para solaz de sus admiradores de hoy y de mañana, al ofrecernos En dos por tres, un manojo de espliego para disipar el tufo de la pepena de menudencias que en su tiempo infectaron el aire, hiriendo el olfato delicado, pues glosan casi todas las tropelías derivadas del autoritarismo, del abuso del poder y de las maquinaciones perversas, abonadas con el pasojo de los semovientes responsables de dramas que escuecen, laceran y ofenden.

Como Aquél que escribe derecho en reglones torcidos, don Luis nos regala y salva de la incuria encendidas y trepidantes estampas, convertidas en manantial de deleite, edificación y provecho, recurriendo a toda suerte de lances acaecidos en la capital de Jalisco durante el quinquenio del 92 al 96 del siglo pasado, el de las explosiones del sector Reforma de Guadalajara, el de la beatificación de los mártires mexicanos, el del asesinato del cardenal Posadas, y de Colosio y de Ruiz Massieu; el del tratado de Libre Comercio entre México y los Estados Unidos, del ocaso del Salinismo y de la Guerra Zapatista, entre otras lindezas de tal jaez, las cuáles sirvieron, en su momento, para componer una columna hebdomadaria en el periódico El Informador, donde abordaba con suma delicadeza, siguiendo al pie de la letra la sentencia con la que el valeroso hidalgo don Quijote de la Mancha increpa a su medroso escudero, a propósito de la sustancia más vil, la cual “peor esmeneallo”. Aborda así temas espinosos sin atollarse en ellos, sortea escabrosos lances hasta convertirlos, al paso de tres lustros, casi cuatro, en retazos con los que hilvana una colcha para cubrir las vergüenzas del tiempo y mover a la indulgencia a quienes lean en estas páginas, de forma menos atroz y brusca, lo que a otros nos tocó vivir y padecer.

Cuentan que un José Vasconcelos, apodado el Negrito Poeta, improvisador de versos de principios del siglo XIX, tenía tal agilidad de palabra y donaire sin límite para expresarla de forma aguda, que alcanzó una destreza sin par para responder con coplas de pie forzado cualquier desafío verbal que se le planteara, y que una vez, durante una procesión en pos de la efigie de santo Domingo de Guzmán, un bribón le echó uno muy ingrato: “Santo Domingo es un perro”, y que en cuestión de segundos, el Negrito lo puso en su lugar replicando: “En esta opinión no hay yerro, / usted habla desengañado, / pues lo que tiene a su lado / Santo Domingo, es un perro”. 

Y bien, no menos que el novohispano de raza azabache, la madura y diestra pluma de don Luis Sandoval Godoy transmuta en oro, como la piedra filosofal del alquimista, materia de otra forma deleznable y merecedora del olvido, modelando con bagatelas una biopsia social tejida con la misma lanzadera que impulsa o arrastra a quienes hoy deambulamos del tiempo a la eternidad.

Guadalajara, junio del 2012
Tomás de Híjar Ornelas, Pbro.
Cronista de la arquidiócesis de Guadalajara

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